Viajando a lo desconocido

Tras nuestro corto periplo por tierras balinesas, el equipo decidió alejarse un poco de los sitios más turísticos para adentrarse en la auténtica Indonesia. Para ello no nos quedó más remedio que huir de Bali, que salvó algunas zonas menos conocidas del norte está completamente explotada. El destino escogido fue Flores, una isla situada al este del archipiélago y cuyos habitantes son mayoritariamente cristianos, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las islas de Indonesia que profesan el islam. Nosotros empezamos el viaje en Labuan Bajo, que se encuentra al oeste de la isla. Nada más aterrizar nos recogieron varias moto-taxis y nos acercaron a nuestro hostel, en el que compartíamos cuarto con otras 80/100 personas apiladas en bloques de literas. Sin duda alguna estos asiáticos saben aprovechar el espacio disponible.

Al día siguiente de dormir en los barracones dedicamos todo el día a bucear, ya que Labuan Bajo es uno de los destinos más conocidos del mundo por sus corales y no podíamos perder la oportunidad de echarles una ojeada. La primera inmersión del día fue en Batu Bolong, que es una especie de desfiladero que va hasta los 15 metros de profundidad y en el que tienes la sensación de estar buceando en un acuario. Jamás había visto colores verdes, azules o amarillos tan radiantes como los de aquellos corales, sin duda un auténtico espectáculo. Por si no fuera poco, la variedad de peces de coral era inmensa y pudimos contemplar incluso varias tortugas y peces napoleón. No tuvimos tanta suerte en la segunda inmersión del día ya que no vimos ninguna manta raya, que seguían escondiéndose de nosotros cada vez que las buscábamos. Por la tarde tuvimos la última micro-inmersión del día en la que vimos varios nudibranquios, serpientes marinas e incluso caballitos de mar.

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Dejamos a los peces tranquilos por un día y decidimos alquilar un par de motos para recorrer la isla, que originalmente pensábamos que era bastante pequeña. Por desgracia para nosotros, la isla tenía más de 500 km de longitud y la mayoría de lagos y volcanes que queríamos visitar se encontraban justo en el lado opuesto, así que nos tuvimos que conformar con dar un maravilloso paseo en moto por la parte oeste de la isla y volver a nuestro campamento base ya que no teníamos más días para visitarla. Creo que sin duda alguna lo que más nos gustó del paseo fue que durante los casi 100 km que recorrimos no nos cruzamos con ni un solo turista! Nos despedimos de Flores cenando un pescaito en el puerto y nos aprovisionamos para sobrevivir a nuestra próxima aventura, un barco que atravesaba el océano Índico durante 4 días hasta llegar a Lombok. Esta es una manera clásica de viajar desde Flores a Lombok (o viceversa) y aprovechar para hacer snorkel y trekking en las miles de islas que hay a su paso. El único problema es que requiere bastantes días por lo que algunos mochileros deciden simplemente coger un avión directo de Labuan Bajo a Lombok.

Al llegar al puerto nos informaron de que debido al gran número de viajeros íbamos a tener que repartirnos en dos barcos, que básicamente se dividieron en jóvenes en uno y familias en el otro. A Edu y a mi debieron vernos cara de entrañables y decidieron ponernos con las familias, así que nos tocó estar 4 días rodeados de niños. Éramos unas 28 personas aproximadamente en el barco, de las cuales 20 dormíamos en cubierta en colchones repartidos por el suelo y algunos pocos afortunados en camarotes privados. El barco era bastante pequeño para tanta gente así que se amortizaba cada metro del mismo: la parte de arriba se convertía en terraza y la zona interior en una especie de buffet libre en la que comíamos todos sentados en el suelo.

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Las primeras dos paradas de nuestro viaje en barco fueron Rinca y Komodo, islas famosas por contener los últimos Dragones de Komodo del planeta. Estos lagartos, más similares a un dinosaurio que a un reptil, pueden llegar a medir más de 3 metros y por desgracia quedan menos de 3.000 ejemplares en el mundo, por lo que poder contemplarlos en libertad es una auténtica suerte. Para visitar las islas es obligatorio ir acompañado de varios “Rangers” que van preparados con palos de madera por si al bicho le da por ponerse agresivo, ya que tienen una toxina mortal en sus dientes que puede matarte en menos de 24 horas. Por suerte para nosotros ninguno decidió mordernos, pero si que pudimos disfrutar de siete u ocho ejemplares en nuestra corta visita a la isla. El resto del día lo dedicamos a hacer snorkel en Bingin Beach y disfrutar de la puesta de sol. Hay que admitir que la vida en el barco era una gozada: trekkings en islas paradisíacas, snorkel entre millones de corales, puestas de sol interminables y cielos estrellados para terminar nuestras duras jornadas 🙂

La jornada más épica fue sin duda nuestro tercer día en el barco. Nos despertamos con el primer rayo de sol como de costumbre, a eso de las 6 de la mañana, y recargamos fuerzas con unos pancakes antes de llegar a Padar Island. Padar es una isla completamente virgen que tiene forma de estrella y que está rodeada a ambos lados por el mar de Flores. Tras algo más de media hora subiendo conseguimos llegar al punto más alto de la isla, desde donde se podían contemplar una de las vistas más increíbles que puedo recordar en mi vida, y he vivido mucho. Poder contemplar una isla tan salvaje y que además se encuentra en lo más remoto de Indonesia, te da la sensación por momentos de estar casi descubriendo un mundo nuevo e inexplorado. Para poner el broche de oro a nuestro día, hicimos snorkel por la tarde y por fin decidieron aparecer nuestras esperadas mantas rayas! Tras casi media hora nadando de un lado a otro aparecieron ante nosotros, aunque más que rayas parecían extraterrestres. Eran cinco mantas rayas de unos 2/3 metros de longitud cada una y que iban nadando a contracorriente, por lo que nos costó un pulmón y medio poder seguirles el ritmo. Aun así, los 15 minutos que estuvimos nadando a su lado fueron simplemente increíbles.

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Tras 4 días de travesía llegamos a Lombok, donde volvimos a disfrutar de placeres tan básicos como un baño, una ducha o una cama. No valoramos lo afortunados que somos hasta que los perdemos.

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