Empapándonos de Vietnam

Nuestro paso por Vietnam no pudo estar más cargado de aventuras. Tras cruzar la frontera con Camboya en autobús, aparecimos en Ho Chi Minh de noche, sintiéndonos completamente perdidos por el caos de ciudad en el que nos habíamos metido. Esta ciudad, que antiguamente se llamaba Saigón y cuyos habitantes siguen denominándola así, es considera la urbe con mayor densidad de motos del mundo, y yo me lo creo. Se calcula que hay alrededor de 60 millones de motos en todo el país siendo la población total de 90 millones, por lo que básicamente todos los vietnamitas se mueven en moto. Si a esto le sumas que las reglas de circulación son casi inexistentes, conducir en la ciudad es toda una proeza. Nosotros no solo lo hicimos, sino que encima aprendimos a conducir allí porque nunca antes habíamos cogido una moto con marchas. Estas motos se las compramos a un mecánico que las había adquirido anteriormente de varios mochileros y que las revendía para sacarles beneficio, así que nos salieron algo más caras de lo que pensábamos.

Antes de comenzar a subir hacia Hanoi en el norte, pasamos varios días en el delta del río Mekong, cuya amplitud nos sorprendió gratamente. Para poder verlo mejor, alquilamos un bote privado que nos llevó por la parte navegable del delta y aprovechamos para visitar los mercados flotantes típicos de esa región. El tour duró casi 7 horas, pero disfrutamos como enanos metiéndonos por pequeños canales que había en el río y que daba la sensación de estar en medio del Amazonas. Lo que no disfrutamos tanto fueron las 6 horas de ida y 6 horas de vuelta en moto, que se rompían a cada paso que dábamos y había que estar parando todo el rato en el mecánico. Además la carretera estaba llena de camiones y era bastante fea, por lo que la primera experiencia en moto no fue del todo satisfactoria.

img_8470

De vuelta en Saigón, aprovechamos para poner las motos a punto, descansar un poco, y salimos rumbo al norte! El primer día de ruta fue increíble: tras superar con éxito la locura de salir de una gran ciudad asiática, nos adentramos en una carretera de montaña completamente abandonada y sin camiones de los que preocuparse. Esa sensación de estar en medio de la nada, en un país completamente desconocido, recorriéndolo en moto con uno de tus mejores amigos es simplemente indescriptible. No había quien nos quitara la sonrisa de la cara. Pero por desgracia la sonrisa no nos duró demasiado. Al día siguiente, en cuanto hicimos un par de kilómetros, empezó a llover y no paró hasta 8 días después. En efecto, los siguientes 8 días de ruta estuvieron pasados por agua, por litros y litros de agua. Nuestros días consistían en desayunar, vestirnos con la ropa húmeda y las botas caladas de agua del día anterior, coger las motos y conducir mojados durante el resto del día. Daba igual las capas de impermeables que llevases, acababas empapado igualmente. Para darle más emoción a la cosa, nuestras motos no paraban de romperse en medio del temporal: el promedio de paradas en el mecánico era de 2 o 3 diarias. Aún así, mentiría si dijese que no disfruté teniendo que conducir en esas circunstancias. Al fin y al cabo eso es la vida, una aventura constante que solo se puede superar buscándole el lado positivo a todo lo que hagas. En nuestro caso, cada vez que parábamos y nos servían un Té verde lo saboreábamos como si de una Cruzcampo se tratara. Las famosas “Pho” o sopa de noodles tampoco eran mal recibidas por el cuerpo.

En la mayoría de pueblos parábamos únicamente una noche y continuábamos al día siguiente, pero decidimos descansar durante varios días en Hoi An, una de las perlas de Vietnam. Esta preciosa ciudad, cuya influencia China puede apreciarse en cualquiera de sus calles, está plagada de farolillos de colores, teterías, exposiciones de arte, tiendas de trajes, etc. El simple hecho de pasear por sus calles ya es un regalo para la vista. En esta zona de Vietnam es muy recomendable quedarse a dormir en los llamados “Homestay”, que no es otra cosa que casas de locales habilitadas por ellos mismos para los turistas y donde tienes la oportunidad de conocer más de cerca la cultura del país. En Hoi An aprovechamos también para poner las motos a punto (ruedas, aceite y luces). Una vez recargadas las pilas, volvimos a la carretera afrontando en primer lugar el puerto de montaña de Hué. La ciudad por desgracia no pudimos verla porque aunque dormimos allí al día siguiente llovía sin parar, así que decidimos continuar hacia el norte. Al segundo día de abandonar Hué dejó de llover, y no volvió a llover más en el resto del viaje. Como si de dos países distintos se tratara, en el sur estuvimos 24 horas al día bajo lluvia y en el norte pudimos disfrutar de unos merecidos días de sol, que ya tocaban. Tuvimos mucha suerte además porque justo la parte del norte era la más bonita, así que iniciamos la famosa Ho Chi Minh Road que va por las montañas con un tiempo estupendo. Disfrutamos en especial el parque nacional de Phonh Anh, por el que puedes conducir y que está lleno de formaciones kársticas maravillosas. Dentro del mismo se encuentra la cueva más grande del mundo, descubierta recientemente en 2009. El problema es que debido a su magnitud la única forma de visitarla actualmente es con una ruta de 5 días con un coste aproximado de 3.000$, pero gracias a dios su hermana la “Paradise Cave” si se puede visitar y tienes 31 km de cueva para cansarte.

img_8689

Después de haber hecho tantas reparaciones, las motos iban a la perfección ya que prácticamente eran nuevas, así que los siguientes días de carretera fueron una gozada. Además al habernos salido de la autovía estábamos conduciendo prácticamente solos en medio de las montañas. También estábamos prácticamente solos en los pueblos en los que parábamos, por lo que por momentos parecía que éramos famosos, con todo el mundo sonriendo y saludándonos por la calle. Tras varios días de carretera, decidimos volver a darle un descanso a las motos en Ninh Binh para visitar Tam Coc, un conjunto de formaciones kársticas con multitud de canales, templos y cuevas que se pueden visitar desde tours que organizan en pequeños botes. Nosotros al principio estábamos un poco reacios a contratar el tour, pero mereció completamente la pena, sobre todo por la sensación de estar metido dentro de una cueva debajo de la montaña durante casi medio kilómetro. Además nuestra guía, como todos los vietnamitas que hemos conocido, era una auténtica fenómeno.

img_8759

La última parada del viaje antes de llegar a la capital fue Halong Bay, como no podía ser de otra manera. Esta bahía es sin duda alguna el emblema del país y el mayor atractivo para los millones de turistas que visitan el país año a año. La única forma de visitarla es a través de un crucero, ya sea de un único día o de varios días durmiendo en alguna de las islas privadas existentes. Nosotros no tuvimos más remedio que escoger la opción barata y no nos gustó en absoluto. Hicimos un tour de 6 horas que únicamente nos llevó a las primeras formaciones kársticas de la bahía, nos metió en una cueva que tenía luces de colorines y nos tuvo 20 minutos haciendo kayak alrededor de un embarcadero. Con esto no quiero decir que Halong Bay no sea increíble, simplemente que por desgracia esta súper explotado y que por tanto hay que gastarse bastante más dinero si quieres hacer un tour que merezca la pena. Aún así, siempre existe la opción de visitar la isla de Cat Ba, que desde luego es de los lugares más increíbles del país a mi parecer. Esta isla es exactamente igual al entorno de Halong Bay pero mucho menos explotado, al menos de momento. La recorrimos con la moto junto con un canadiense, irlandés y francés que conocimos en el ferry y todos estábamos alucinando con las vistas. Además puedes aprovechar para hacer un trekking en el parque nacional y contemplar desde el mirador un mar de montañas que se pierde en el infinito. Podría decirse que los días en la isla fueron la perfecta despedida a nuestro viaje, pero todo quedó olvidado tras el incidente con el primate. Quién juega con fuego se quema, y más si estás en un país tan salvaje como Asia. Yo no me quemé, pero sí que fui atacado por un mono por mi inconsciencia y tuve que vacunarme de la Rabia.

img_8850

Al día siguiente del ataque del mono llegamos a Hanoi, la capital de Vietnam. Tras más de 2.500 km y 23 paradas en mecánicos, habíamos conseguido atravesar el país en moto. Por desgracia no fue una entrada triunfal como pensábamos, ya que veníamos algo cansados de tanto conducir y encima tenía que ir corriendo al hospital para ponerme la vacuna, por lo que fue realmente uno de los peores días del viaje. Esa fue la primera de las 5 dosis que por desgracia tuve que ponerme posteriormente de la vacuna. Los siguientes días en la capital fueron básicamente para vender las motos y comprar regalitos. La oferta de motos en Hanoi era grandísima, así que finalmente tuvimos que perderles un poco de dinero y se las vendimos a un taller. No pudimos hacer demasiado turismo en la ciudad, pero de todas formas estábamos demasiado cansados como para ponernos a pateárnosla, que por supuesto también era un caos absoluto de motos. Realmente esos días sirvieron para mentalizarnos de que por fin íbamos a volver a casa, a ver a la familia y amigos, a disfrutar la navidad, y sobre todo a comer a todas horas 🙂

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s